En un par de días que tuve ratos libres pude ascender al Piz Boé, en el grupo del Sella y el Sasongher, atalaya principal encima de Colfosco y Corvara, al norte de la mítica Marmolada, en el típico paisaje dolomítico, cargado de roca, caminos equipados y carteles indicativos por todas partes, que nada tiene que ver con los perdidos caminos del Pirineo.
A las ocho de la mañana desayunaba, el día amaneció despejado, y a los pocos minutos, impaciente, ya estaba subiendo la Val Mezzí rodeado de rocas imponentes del angosto valle, 900m más arriba aparecía la nieve, signo de un año extraordinario de innivación, como en el Pirineo, una canal de 35-40º de unos 100m me separaba de las clavijas de la roca, sólo por ese tramo no cogí un piolet, así que tuve que improvisar, por suerte la nieve estaba blanda y con una piedra de unos 20 cm en punta, a modo de puñal de antaño, llegué al cable salvador, sin jugarme los huesos en las rocas de la parte inferior. La canal desembocaba en un plató de dónde ya se podía divisar la cumbre del Piz Boé de 3152 m, en una rápida ascensión, en 2h 30' superé los 1550m que me separaban del pueblo, no sin parar por ello, a hacer muchas fotos de aquel primer paseo de la semana. Durante el tiempo de ascensión, no vi a nadie, pero cuando llegué a arriba un refugio me esperaba y más gente que subía por la vertiente
normal, que hacía más accesible un teleférico, me dije bienvenido a las dolomitas, de lo más salvaje a lo más concurrido en nada. En una hora y media más estaba en el hotel directo a la ducha y a comer el antipasto previo a los suculentos platos italianos, o digamos mejor, sudtiroleses.
Dos días después decidí ir al Sasongher 2670m, en 1h 30' h realicé los 900m de desnivel, esta vez sin hacer muchas fotos, que reservé para la hora de bajada, ya que tenía que estar antes de las doce y salí a las 9 de la mañana. El camino de subida discurría por un marcado sendero, que a media subida se hacía aéreo, sorteando unas viras húmedas que desembocaban en el collado que daba pie a la arista somital, rocosa, aérea y bien equipada con cables. La cumbre, extraordinaria, con vistas del valle magníficas que me daban a entender que volvería por estas tierras en breve, que me iría otra vez sorprendido de las tierras italianas que nunca me han defraudado, de norte a sur, y que esta vez, gracias a Josep Casas y la confianza de Vittorio, Andrea y Paolo, y la increible amabilidad de Marta, Lisa y Sara, he tenido la posiblidad de volver a pisar, y la oportunidad de conocer a unas buenas gentes de medio mundo.
1 comentario:
em sona l'història!
com anem? al final no crec que ens veiem almenys fins després de vacances... marxo el 4!
tenim una birreta pendent, a veure si no s'allarga com tantes birres pendents que tenim...
salut i bona muntanya!
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